Eso de escribir un artículo al día… no sé a quien quería engañar pero bueno me obliga a escribir alguno de vez en cuando. De lo contrario, escribiría uno cada mucho tiempo.

Y es que así es la vida. Apuntas alto y te quedas por algún sitio más bajo del camino… y de ahí que sea importante tener sueños y planes más «alegres» de partida.

También hay veces que se apunta alto y se llega alto, y que se apunta bajo y se convierte en un éxito, pero hoy me quiero centrar en el primer tipo.

Entre picos y valles

Cuando padeces un trastorno como el mío, además has de añadirle el hecho de que por el camino, pasarás unos días, semana o incluso mitad de mes, siendo una persona muy diferente.

Recuerdo ahora vívidamente la de veces que llegaba al trabajo con proyectos nuevos, con una motivación insaciable y eficiencia envidiable, para verlo todo desaparecer días más tarde. Sintiendo que no podría llevarlos a cabo o peor aún, que no tendría energía ni ilusión para hacerlos.

A lo largo de mi vida he empezado muchas cosas para al poco tiempo dejarlas, o incluso volver a ellas intermitentemente sin entender el vaivén de la motivación.

Ahora que conozco con certeza el trastorno que padezco (TDPM), todo cobra sentido. Incluso el hecho de que me gustasen personas para sentir un cuasi rechazo al poco tiempo, o que me obsesionase por ciertos temas para que cayesen en el olvido y ni recordase por qué me atraían tanto.

Cuando tu vida se mueve entre picos y valles, planificar es igual de necesario que inútil.

Necesario porque ayuda a mantener el caos menos caótico, e inútil porque al hacer el switch, olvidas el por qué.

Pero al menos está ahí, y siempre puedes intentar mejorar, acercarte al objetivo y entender que si no llegas a él cuando eres tu alter ego, todo está bien.

En este blog comento con frecuencia lo que es el trastorno disfórico premenstrual o cómo el colon irritable (que empeora por esta condición) afectan a la vida de quienes lo padecen y cómo mejorarla.

Tras haber vivido un embarazo de ensueño (con sus más y sus menos pero con estabilidad hormonal), se me ha hecho aún más claro lo que este trastorno ha significado y significa en mi vida. Aunque desearía no tenerlo y seguiré luchando por disminuir sus síntomas, me enseña a:

  • Disfrutar de los momentos buenos
  • Cuidar de mi pues de otro modo no puedo cuidar de los demás
  • Perdonarme y permitirme estar mal periódicamente
  • Caerme y levantarme cada vez y no frustrarme por no recordar lo que aprendí mientras estoy al otro lado
  • Recordar que aunque mi salud mental lleve comprometida tanto tiempo, pueda seguir adelante con ciertos cambios y esperanza
  • Tratar de mejorar cada día
  • Valorar la vida que acabo de traer al mundo y luchar aún más por ella y para que le afecte lo menos posible lo que me sucede.

Y hasta aquí la reflexión de hoy, que he podido escribir con mi mano izquierda en gran medida pues tengo a Leito en la otra.

Un síntoma, no nuestra esencia

Últimamente me llegan mensajes de personas que sufren este trastorno o muchos de sus «primos hermanos» dentro de la salud mental. Y desde aquí me gustaría enviar un mensaje de esperanza o calma, para que recordemos que cualquier problema/trastorno mental es solo eso. Igual que un problema físico es solo eso.

El problema de los primeros es que afectan al estado de ánimo y con ello al sentido de la vida.

Nublándolo en muchas ocasiones hasta el punto de no saber seguir. Pero si aprendemos a verlos como síntomas de una enfermedad o trastorno, aunque nos duela, se hacen más llevaderos.

Y sé que cuando los sufres intensamente estas líneas no sirven de nada. Pero si nos grabamos a fuego, como un mantra, que lo que sentimos es sólo un síntoma que desaparecerá y que no es diferente a quien padece fiebre, dolores físicos intensos o migraña… podemos disociarnos de ese estado y no darle tanto poder.

Y quizás, solo quizás, algún día seremos capaces de tratarlo como un resfriado y no permitir que llegue a arrasar con todo lo que nos rodea. Darle su espacio, sufrirlo pero no hacerlo nuestro.

2 Respuestas a “Reflexiones de una sufridora del TDPM y los cambios constantes”

  1. Gracias por esas últimas palabras son muy ciertas a veces por más ánimos que se nos den cuando estamos en el pico de este trastorno no nos vale nada pero al menos podemos aprovechar eso días buenos para avanzar en lo que podamos pero sin maltratar nos, y cuando se pueda se hagan las demás cosas. Con este trastorno es mejor vivir una vida sencilla para poder sobrevivir

    1. Totalmente María… yo sufrí un episodio fortísimo de ansiedad y depresión a raíz de haberme «fabricado» una vida muy compleja llena de estrés a nivel laboral y mucha autoexigencia. Que si bien no es igualmente ideal para nadie, para personas que sufrimos este trastorno es mucho peor aún. Recuerdo compararme con el CEO de la empresa u otros (además hombres) y forzarme a seguir por pensar que lo mío era mucho más fácil. Lo que no entendía es que con este trastorno lo mío se complicaba muchísimo daba igual el puesto o la actividad.
      Quienes lo padecemos o padecemos cualquier problema de salud mental entendemos muy bien lo difícil y eso me hace valorar mucho las cosas que hice, pero a día de hoy aprendí la lección. Un beso grande!!

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