Una de las cosas que pretendo al compartir mi historia, es introducir a Alicia en ella. Alicia es mi alias, mi alter ego, la Irene que aguanta tanta tristeza y sufrimiento, pero que también me hace indagar en lo más profundo y sin la que yo no sería quien soy.
Cuando escribo sobre lo que me sucede, suelo hacerlo desde “Irene”. Cuando estoy más en calma y tengo más motivación para sentarme a reflexionar sobre lo que me ocurre y lo que le sucede a tantas mujeres con este trastorno, y a personas en general que lidian con problemas de salud mental.
Pero también quiero que Alicia forme parte del relato y no dejarla de lado, pues es “my other half” y si bien he luchado tanto por que desaparezca, es muy probable que siempre esté a mi lado. Ha estado casi desde que tengo uso de conciencia, en mayor o menor medida, pero es una vieja amiga, y a la vez soy. Es curioso pues a veces siento que soy dos personas distintas y que aunque formemos parte del mismo cuerpo, la forma en que vemos y sentimos el mundo es totalmente diferente.
Y sin embargo compartimos las mismas memorias. Aunque son diferentes. Unas están teñidas de alegría, optimismo, calma. Mientras que otras tienen un tono grisáceo y bañadas de mucha nostalgia. Nostalgia del pasado, pero también una especie de nostalgia de lo que nunca fue, por estas limitaciones.
Bienvenida
Pues bien, hoy Alicia está presente. No como en 2023 cuando su presencia era caso omnipotente dejándome exhausta. Ahora está un poco más agazapada, y el hecho de que no esté en escena tanto tiempo, me permite recomponerme y no llegar a tocar fondo.
También sucede que a pesar de estar ahí, deja a Irene salir a flote. En reuniones sociales sobre todo le permite tomar el micro y disfrutar del momento. No sin mandarle señales frecuentes de que está ahí y de invadirle con esa sensación de nostalgia.
Pero como hablaba con mi gran amigo Pablo, es curioso vivir rodeados de personas que no tienen que lidiar con esto. Nos hace sentirnos bastante solos a pesar de estar rodeados de personas maravillosas, pues sabemos que nuestra alegría es efímera, y que nos cuesta remar, aunque lo hacemos… y tanto que lo hacemos.
Uno de los mayores frenos a no compartir mi experiencia, es que Alicia se apodere de mí completamente, que no me deje salir a flote… y que por tanto todo lo que comparta sea en vano.
Pero quiero creer que no será así, y que si lo es, de algo servirá, aunque sea arrojar algo más de luz y empatía sobre lo que significa vivir una vida con depresión, aunque ésta no tenga por qué tener otro motivo más que la propia genética, el cableado del cerebro, la inflamación del útero, u otra teoría que aún tenga que descubrir.
