Este Domingo mientras viajaba en el autobús escribí en mi libreta habitual, el deseo de escribir sobre todas mis experiencias con el TDPM, el camino que he seguido hasta ahora y el que me queda.
En esas mismas líneas escribía sobre el reparo que me daba escribir sobre algo, para que tiempo después descubriese que no era real, o que nuevos tratamientos y planteamientos habrían surgido. Pero si fuese el caso, bueno sería, y siempre daría para escribir otro.
Cuando comencé a investigar sobre este trastorno y el gran mundo de la salud hormonal femenina, sentía muchísima confusión. Aún sigo teniendo pero he podido notar en mis propias carnes los cambios positivos y negativos de ciertos enfoques. Además creo que me encuentro en un momento bastante crucial por distintos motivos:
- Porque desde que fui diagnosticada, tuve un bebé y he experimentado y sobrevivido un postparto
- Por los tratamientos tan específicos que estoy realizando de la mano de Juani Lafaja, y los que estoy dispuesta a hacer
- Porque estoy de algún modo contribuyendo a la investigación que se está llevando a cabo
- Porque estoy en el punto límite en el que me encuentro mejor como para escribir e investigar sobre ello, pero sin estar bien del todo. Y aunque esto no sea ideal, me mantiene motivada y con ganas de compartir al seguir sufriendo del mismo
En el grupo de «Vivir y Crecer con TDPM» algunas de las mujeres mencionaban la paradoja de la recuperación tras la menopausia. Curiosamente muchas de las que habían padecido el trastorno durante tantos años, al llegar a «curarse» o dejar de sentir los síntomas, se alejaban del grupo y de todo lo que tuviese que ver con él.
Como si en ese renacer, el alma se separase de todo lo que tenga relación con ello como diciendo «hasta aquí», en esta nueva vida no quiero saber más de ti… y lo entiendo totalmente porque después de tanto sufrimiento, confusión, ideación suicida, cambios de rumbo etc, nos merecemos una jubilación.
Volviendo al autobús…
Al bajarnos del bus, el lugar al que íbamos estaba cerrado, así que acabamos deambulando por las calles del centro de Málaga con rumbo a «nowhere». Pues en ese «nowhere» había un mercadillo cultural, y lo primero que vimos fue un puesto de libros (nuevos y viejos), presidido por una asociación de escritores llamada «la generación del 22» (os podéis imaginar la referencia).
Paré a hablar con ellos y acabamos hablando de cómo se decidieron a escribir su primer libro y me animaron a hacer lo mismo.
Así que si las ganas no me fallan y la cabeza me acompaña, lo haré.
Pero como me conozco y la constancia no es mi apellido, he decidido que lo iré escribiendo en fascículos en este espacio. Para que un día que me encuentre con mucha energía, sea capaz de unir las piezas del puzzle y darle forma.
Y no, no pretendo contar toda mi vida de pe a pá cual Manolito Gafotas, pero sí que usar partes de ella para ilustrar aquello que he aprendido sobre el trastorno, la salud mental, ser mujer y sobrevivir lo mejor posible cuando tu vida es un día gris y otra colorida, y la única diferencia es un problema químico.
También me encantaría incluir historias de muchas mujeres, ya que si algo me ha ayudado en el camino es conocer otras historias y entender que no estoy sola. Y que como a mí me salvo el libro «Sin Miedo» de Rafael Santandreu en su día, este libro puede salvar a otras.
Ya me han escrito muchas a las que este espacio les ha salvado en un momento dado, pero me gustaría poder consolidarlo todo en un mismo sitio, y que sirva de anclaje en esos momentos tan duros, incluso para mi misma, cuando sea Alicia.
xxx
